Imaginemos esta hipótesis. ¿Qué pasaría si a partir de mañana en Tucumán se prohibiera el consumo de alcohol en todas sus formas, su venta, distribución y elaboración? Primero se empezarían a llenar las cárceles de alcohólicos y bebedores abusivos. Irían presos policías, jueces, funcionarios del gobierno, legisladores, obreros, militares, políticos, empresarios, artistas, médicos y hasta deportistas. Luego se detendría a bebedores ocasionales o eventuales, desde los que toman una copa de vino con las comidas hasta los que se "alegran" en un asado o en una fiesta. Habría incluso muchos sacerdotes presos. Finalmente, marcharían tras las rejas desde empleados de una bodega o cervecería hasta almaceneros, repositores de supermercados, repartidores de bebidas, cosechadores de uvas, fabricantes de botellas o tapitas y así una larga lista de personas ligadas a la cadena de producción y expendio de alcoholes. A esta altura, Tucumán ya tendría más de un millón de detenidos. No habría dónde alojarlos, ni policías para apresarlos ni mucho menos para custodiarlos. Los Tribunales deberían mudarse de edificio, atiborrados de expedientes, y habría que contratar a miles de funcionarios judiciales para hacer frente a tantas causas. Paralelamente, comenzaría a proliferar el contrabando de bebidas desde otras provincias y países y como el negocio sería muy rentable porque los precios estarían fijados por el mercado negro, empezarían a surgir fabricantes clandestinos, que elaborarían bebidas con utensilios caseros y ya, sin controles sanitarios, impositivos y del Estado de ningún tipo, harían bebidas de mala calidad y peligrosa salubridad. Las guardias de los hospitales, ya con pocos médicos y enfermeros porque muchos estarían presos, empezarían a desbordarse de intoxicados con bebidas adulteradas y de dudosa procedencia, mientras los alcohólicos y enfermos más graves estarían muriendo, abandonados sin atención ni contención en calabozos y celdas atestadas.
El lector pensará, no sin razón, que más que una hipótesis lo que aquí se plantea es un verdadero delirio, propio de alguien que ha bebido en exceso. Sin embargo, esto ya ha ocurrido en varios países como parte de una política para frenar el consumo de alcohol. El caso más famoso es el de la "Ley Seca" en EEUU y cuyo resultado más evidente fue la proliferación del crimen organizado.
La prohibición como estrategia para combatir el uso abusivo de las llamadas "drogas recreativas", entre las cuales el alcohol ocupa un podio de privilegio en cuanto a peligrosidad e índices de mortalidad, ha fracasado siempre y sólo ha favorecido a las mafias, que más temprano que tarde terminan enquistándose y contaminando todas las instituciones de la sociedad.
Esto es lo que ocurre hoy en Tucumán, donde se gastan millones en presupuesto (logística, juicios sin sentido, sueldos, penitenciarías, etcétera) para que los "comandos especializados antinarcóticos" detengan a seis estudiantes universitarias con plantitas de marihuana en su casa, como ocurrió a mediados de marzo en esta capital. Parece una burla para el ciudadano que exige respuestas ante un flagelo que se lleva vidas todos los días, y mientras ve cómo los narcos manejan ejércitos, flotas de aviones y barcos y brindan con champaña con los poderes de turno.
Este mes se cumplen dos años de la sanción, aprobada por la Legislatura por unanimidad, de la ley para la prevención y asistencia a las adicciones, que debía conformar un Consejo interdisciplinario para estudiar alternativas diferentes para enfrentar este problema. No se hizo nada. El lector se preguntará ¿por qué? O al Estado no le interesa, o bien le interesa demasiado que nada cambie.